Cuánto tarda transcribir las recetas orales de tu madre y cómo hacerlo sin que se agobie

Si te preguntas cómo transcribir las recetas orales de tu madre a un formato escrito sin que se agobie, la respuesta corta es esta: se hace en 6 fases, a lo largo de unas semanas, cocinando de una en una receta y dejando el trabajo de escritura para ti. Ella solo cocina y cuenta. Tú escribes. Así el peso no recae en ella y el proyecto avanza sin prisa.

Estos son los pasos y los plazos orientativos de cada fase.

¿Cómo se hace, fase por fase, y cuánto lleva cada una?

  1. Prepara el terreno con una conversación suelta, unos días antes.
  2. Cocina con ella una receta fácil y graba solo el audio.
  3. Pasa el audio a texto en bruto sin que ella intervenga.
  4. Ordena el texto en cantidades, pasos e historia.
  5. Valida con ella el resultado leyendo en voz alta.
  6. Pasa cada receta limpia a su formato definitivo.

Veamos qué pasa en cada fase.

Fase 1. Siembra la idea sin plantearla como encargo (dos o tres días antes)

No le digas «mamá, voy a transcribir tus recetas». Suena a tarea, y las tareas agobian. Mejor suelta la idea en una conversación cualquiera, por teléfono o en casa, con algo tan sencillo como que te apetece aprender a hacer su lomo en salsa antes de que se te olvide preguntarle.

En esos dos o tres días de margen, tú también te preparas. Elige la primera receta (una que le salga sin pensar, de las que hace en la casa de siempre), deja el móvil con batería y ten a mano algo para apuntar. No hace falta decirle nada más todavía.

Fase 2. Cocinad juntos y graba solo el audio (una tarde por receta)

Este es el corazón del proceso y también el momento que ella va a disfrutar. No la hables de transcripciones ni de textos. Proponle cocinar ese día ese plato que te gusta tanto. Mientras pica, sofríe y echa a ojo, tú grabas con la app de voz del móvil y vas preguntando de forma natural cuánto pone, hasta cuándo se deja y qué hago si se pega.

Si te ayudan las ideas, tienes una guía de cómo grabar y transcribir las recetas que tu abuela dicta mientras cocinamos que funciona igual con tu madre. El plazo de esta fase es simple: una tarde por receta, y si salen dos, mejor todavía.

Fase 3. Convierte el audio en texto en bruto (uno o dos días después)

Es la parte que tú haces solo, y por eso no le cuesta nada a ella. El mismo día o al siguiente, escucha la grabación y pasa todo a texto tal cual suena, con sus expresiones, sus «un chorretón» y sus «hasta que huela». No corrijas todavía. El texto en bruto es materia prima, y lo que en esta fase importa es que no se pierda nada.

Si el cuaderno donde apuntas se te queda corto y quieres dar el salto al ordenador, hay una comparativa de apps para digitalizar cuadernos de recetas manuscritos a PDF que te puede ahorrar ensayos.

Fase 4. Ordena el texto en cantidades, pasos e historia (una tarde)

Una receta por escrito necesita tres bloques, y aquí es donde el texto bruto se convierte en algo que otra persona podría cocinar.

  • Los ingredientes con cantidades lo más aproximadas posible, aunque ella diga «al ojo».
  • Los pasos en orden, con los trucos que soltó sin darse cuenta.
  • De dónde viene hay receta, quién se la enseñó y en qué ocasiones se hacía en casa.

Ese tercer bloque es el que ninguna app de voz a texto te va a dar. Es su historia, y merece sitio en el texto final igual que los gramos.

Fase 5. Valida con ella leyendo en voz alta (una sobremesa)

Llévale el texto y léeselo en la sobremesa, sin papeles delante de ella y sin tono de revisión. Es la forma más fácil de corregir sin que se agobie: ella oye su receta contada con sus palabras y te dice «no, eso van dos cucharadas» o «a mí me lo enseñó tu abuela, ponlo». Tú corriges, ella solo conversa.

Una sobremesa alcanza para dos o tres recetas. Si notas que se cansa o que empieza a repetirse, corta por ese día y no lo fuerces. El proceso aguanta semanas sin problema.

Fase 6. Pasa la receta limpia a su formato definitivo (media tarde por receta)

Con las correcciones de la sobremesa, escribes la versión final, ya limpia y ordenada. Esta fase, a razón de media tarde por receta, es la única verdaderamente manual de todo el proceso, y también la más agradecida, porque es cuando ves el proyecto hecho texto.

Aquí llega el momento de decidir dónde va a vivir todo. Si quieres que quede como un recuerdo de familia y no como un documento suelto, nuestro libro de recetas está pensado para guardar catorce recetas, su historia y cómo cocinarlas, y se puede rellenar juntos en la cocina mientras ella explica. Si prefieres comparar opciones antes de decidir, te contamos los criterios para transcribir las recetas de la abuela a un libro ilustrado, que sirven igual para tu madre.

Cuánto va a tardar el proyecto completo

Hagamos la cuenta. Cada receta implica una tarde cocinando, uno o dos días para el texto en bruto, una tarde de ordenar, una sobremesa y media tarde de versión final. En la práctica, lo normal es procesar dos recetas por semana sin que a nadie le pese.

Si tu madre tiene una decena larga de platos que quieres rescatar, el proyecto completo se mueve en un plazo de unas seis a ocho semanas. Si solo quieres las cinco esenciales, en menos de un mes lo tienes hecho. La ventaja de trabajar por fases es que no hay fecha de entrega: si una semana no cocináis, el proyecto simplemente espera.

Y si el plan de sentarte a escribir todo tú te queda lejos, en Quiero Conocer Tus Recetas tenemos un libro guiado para que la receta, sus cantidades y su historia queden por escrito, con espacio para que lo completéis juntos a vuestro ritmo.

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Preguntas frecuentes

¿Es la receta un texto discontinuo?

Sí. La receta escrita es un ejemplo clásico de texto discontinuo, porque combina listas de ingredientes, pasos numerados y notas sueltas en lugar de párrafos continuos. Eso significa que no hace falta que tu transcription sea literaria: una lista clara con cantidades y una historia corta al lado ya cumple perfectamente.

¿Cómo crear un recetario en Word?

Crea un documento con una página por receta, un título con el nombre del plato y tres apartados fijos, ingredientes, pasos e historia, para que todas guarden el mismo formato. Cuando las tengas transcritas y validadas, exporta el documento a PDF. Es una opción válida, aunque no guarda la letra de quien cocina ni deja sitio para las fotos con la facilidad de un libro físico.

¿Puedo hacer este proceso si mi madre se cansa pronto?

Claro, y de hecho el proceso está pensado para eso. El único momento en el que ella participa es al cocinar y en la sobremesa de validación, y ambas cosas se pueden acortar. Haz una receta por semana, valida de una en una y deja el resto del trabajo para ti.

¿Y si mi madre cocina cantidades a ojo y no sabe decir cuánto pone?

Pasa en la mayoría de las casas, y no bloquea nada. Pídele que repita el gesto mientras cocináis y conviértelo en palabras aproximadas, tipo «un buen chorretón, unos dos dedos de aceite». La sobremesa de validación sirve justo para afinar esos números con ella delante.

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