Qué preguntar a un abuelo que emigró a Suiza o Alemania en los años 60: preguntas para entender su historia
Si te preguntas qué preguntar a un abuelo que emigró a Suiza o Alemania en los años 60, la respuesta tiene seis fases: preparar la conversación, romper el hielo, abordar la decisión de irse, el viaje y la llegada, la vida allá y el regreso. Aquí te contamos en qué orden seguirlas y cuánto tiempo llevarse por cada una, porque esto no se pregunta todo en una tarde.
Cómo se hace: las 6 fases para hablar con tu abuelo de su emigración
Mucha gente piensa que basta con sentarse un día y soltar la pregunta. No funciona así. Cuando alguien emigró siendo joven, hay capas de historia (la de antes de irse, la de la ida, la de la vuelta) y conviene respetar su orden. Si ya tienes dudas generales sobre el enfoque, te puede servir repasar qué preguntas plantearle a un abuelo que vivió esa emigración; aquí nos centramos en cómo montar el proceso y en los plazos.
- Prepara las sesiones y elige el lugar con una semana de margen.
- Rompe el hielo con fotos y recuerdos sueltos en la primera charla.
- Pregunta por la decisión de emigrar en una segunda sesión.
- Recorre con él el viaje y la llegada durante esa misma sesión o la siguiente.
- Profundiza en el trabajo y la vida allá en dos o tres sesiones más.
- Cierra con el regreso y deja todo por escrito en las semanas siguientes.
Fase 1: prepara las sesiones y el lugar (una semana antes)
Antes de la primera conversación, dedica unos días a preparar el terreno. Reúne lo poco que sepas: nombres de pueblos, años, si alguien más de la familia emigró antes que él. Ese trabajo previo es lo que después te permite preguntar cosas concretas en lugar de un «¿y eso cómo era?» que se queda en nada.
Elige también dónde. La mesa de la cocina funciona mejor que una entrevista solemne. Y avísale por adelantado, sin drama: «abuelo, quiero que me cuentes cómo era aquello». Que tenga tiempo de meterse en el recuerdo. plazo orientativo: una semana.
Fase 2: rompe el hielo con fotos y anécdotas (primera sesión, 30-45 minutos)
La primera charla no es para preguntar nada grande. Saca fotos de familia, un billete antiguo si aparece, la cartilla que guardó de aquella época. Déjale divagar. Lo que buscas aquí es que la memoria se ponga en marcha y que él compruebe que a ti te interesa de verdad.
Buena pregunta para abrir: «¿tenías tú claro entonces que te ibas a ir, o te enteraste un día por sorpresa?». A partir de ahí, escucha y anota por fuera los temas que queden a medias, porque serán la puerta de las sesiones siguientes.
Fase 3: la decisión de irse (segunda sesión, una o dos semanas después)
Con el hielo roto, llega el turno de la pregunta difícil: por qué se fue. En los años 60, cuando muchos españoles emigraron a Suiza y a Alemania, casi nunca hubo una sola razón. Mezclaban hambre de futuro, contratos que llegaban por el pueblo y la presión de traer dinero a casa. Dale tiempo y no te conformes con la versión de dos líneas.
Preguntas que abren esta fase: quién decidió en casa que él se iría, si lo contó a alguien antes de marcharse y qué le dijeron cuando anunció la noticia. Plazo orientativo: esta fase se hace en una sesión de una hora, unos días después de la primera, para que la memoria siga caliente.
Fase 4: el viaje y la llegada (misma sesión o la siguiente)
El trayecto suele ser el recuerdo más vivo: el tren, la frontera, la primera noche en un alojamiento de empresa, no entender nada del idioma. Pregúntale por el primer día de trabajo y por la primera vez que echó de menos algo tan pequeño como el pan de su pueblo.
Un truco que funciona muy bien: pídele que te cuente la llegada como si fuera una película, hora a hora. Desde que se levantó aquel día hasta que se acostó. Ese formato le obliga a recuperar detalles que con una pregunta general jamás saldrían.
Fase 5: el trabajo y la vida allá (dos o tres sesiones, repartidas en un mes)
Aquí entra la parte más larga, y también la más valiosa. El trabajo en la fábrica o en la construcción, los amigos, los domingos, cómo aprendió alemán o francés a base de señas, y sobre todo lo que se traía del exterior: el dinero de las retribuciones que enviaba, las cartas a casa, las promesas de volver.
Conviene repartir esta fase en varias sesiones, porque los recuerdos de la vida cotidiana son los que más cansan. Puede ayudarte saber cómo se vivía la Navidad en los años 60 cuando uno estaba lejos de su familia, porque esas fechas solían ser el momento más duro y el que más historias esconde. Plazo orientativo: dos o tres charlas de una hora repartidas a lo largo de un mes.
Fase 6: el regreso y el legado (cierre, en las dos o tres semanas siguientes)
El final del proceso es el regreso, y es donde muchas familias descubren sorpresas. Cuándo decidió volver, si le costó reengancharse, qué trajo consigo y qué dejó allá. Y remata con la pregunta que de verdad cierra el círculo: ¿mereció la pena? Escucha la respuesta sin interrumpir.
Después llega la parte que se suele saltar la gente: dejarlo todo por escrito. Las conversaciones se evaporan; lo escrito permanece. En las semanas siguientes, pasa tus notas a limpio, pídele que confirme nombres y fechas, y añade las fotos que habéis ido sacando. Plazo orientativo: dos o tres semanas de trabajo tranquilo.
Cuánto tarda todo el proceso
En total, hablamos de unas seis u ocho semanas si lo haces con calma: una de preparación, cuatro o cinco de conversaciones repartidas y el cierre con todo pasado a limpio. No es un sprint de una tarde, y esa es precisamente la gracia. Cada sesión es una excusa perfecta para ir a verlo, y al final del proceso no solo tendrás su historia de emigrante: habréis pasado juntos muchas más horas de las que pasaríais en un año entero de visitas normales.
| Fase | De qué trata | Plazo orientativo |
|---|---|---|
| 1. Preparación | Reunir datos, fotos y elegir lugar | 1 semana |
| 2. Romper el hielo | Fotos, anécdotas, primera conversación | Sesión de 30-45 minutos |
| 3. La decisión de irse | Por qué emigró y quién lo decidió | Sesión de 1 hora |
| 4. Viaje y llegada | El trayecto y el primer día | Misma sesión o la siguiente |
| 5. Trabajo y vida allá | Cotidianidad, amistades, dinero enviado | 2-3 sesiones en 1 mes |
| 6. Regreso y legado | La vuelta y dejarlo todo por escrito | 2-3 semanas de cierre |
Cuándo empezar en 2026
Cuando es una buena pregunta para este tema. La respuesta corta es cuanto antes, pero si buscas un momento natural, 2026 te da varios: las reuniones de Navidad, un cumpleaños señalado o simplemente un fin de semana con la casa tranquila. No hace falta que coincida con ninguna fecha, aunque tenerla delante ayuda a dejar de decir «ya lo haré», que es lo que todos llevamos años haciendo.
Y un consejo final: si a tu abuelo le cuesta escribir o ver, rellenadlo juntos. Tú lees la pregunta, él te cuenta, y la respuesta se queda por escrito con su historia y su legado a salvo para los nietos que vienen detrás. Si quieres ver cómo funcionan esos libros guiados con más de 140 preguntas organizadas en capítulos, echa un ojo al libro de recuerdos para Abuelo de Quiero Conocer Tu Historia, diseñado en Madrid y pensado para que se rellene a su ritmo o acompañado, sin que acabe a medias en un cajón.
Su historia de emigrante es una de las que mejor se recuerdan y una de las que antes se pierden. Empieza por la fase uno. La primera conversación puede ser el próximo domingo.
![Quiero Conocer tu Historia [versión digital]](http://scoprilasuastoria.com/cdn/shop/files/Rellenalo_por_ellos_mientras_te_cuentan_su_historia.png?v=1792338056&width=533)